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No. 3, 2017

Spreading the Poems of the Catastrophe. Nadaist Communication Network — aCCeSsions

Daniel Llano Parra
Spreading the Poems of the Catastrophe. Nadaist Communication Network

In the course of the 1960s, while the intellectual and commercial networks of the Latin American narrative boom were consolidating, a second wave of avant-gardism began to reconsider the literary work of the continent, to explore other ways of representing the reality of the period, and to combine life with artistic creation. Although different ideological positions existed within diverse avant-garde groups, they all shared an aesthetic sensibility alien to the cultural Cold War. The groups El Techo de la Ballena in Venezuela, the Tzantzismo in Ecuador, and the Nadaísmo in Colombia, as well as the magazines El corno emplumado, edited by Sergio Mondragón and Margaret Randall, and Eco contemporáneo, by Miguel Grinberg—published in Mexico and Argentina respectively—, formed an independent literary community around creative freedom. Between 1962 and 1969, El corno condensed the new poetic expressions and became a space of sociability between writers and artists of Latin America, thus forging an alternative literary network.

Nadaísmo (1958-1971), Colombia’s leading avant-garde movement, integrated this network without establishing an independent communication system at the national level. Unlike similar movements from the rest of the continent, whose members had a budding literary career or, at least, came from an academic background, the Nadaists were middle class youth with little academic training, marginalized subjects immersed in the underworld, representatives of so-called “sewer literature”. Taking into account that the Nadaist poets did not have the opportunity to escape Colombia’s “parochial intellectual life”, to experience the “cultural journey”, and that it was only until 1970 that they managed to launch a magazine with relative frequency, it is possible to understand the importance of correspondence as a means to unify the movement, and to establish contacts abroad in its international projection. For the Nadaists, besides offering the possibility of maintaining a fluent communication with other artists, disseminating their writings, and sharing avant-garde newspapers and publications, correspondence emerged as the unique material contact with which they were integrated into a wider information circuit that encompassed Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela, Nicaragua and Mexico.

By the mid-1960s, their letters bear witness to the repeated denunciations of editorial vetoes, as well as the desire to know publishers and to publish at all costs the poetic production that would allow them to emerge as avant-garde writers. Before this scenario, the poet Eduardo Escobar published in late 1965 Nadaísmo’s first magazine: La viga en el ojo. Published by Sigma, a small publishing house in the city of Pereira, with an initial print run of 3000 copies, the magazine evinced the international networks of the movement by presenting members of El Techo de la Ballena and Tzantzismo, as well as poets close to the editorial circle of El corno emplumado, as collaborators. It was also the first opportunity for painters Álvaro Barrios and Pedro Alcántara to participate in a Nadaist production, as Barrios had already illustrated El corno with the drawings “El nadaísmo no tiene fin porque es infinito” and “El nadaísmo es una hecatombe”. In December 1965, while the first issue of La viga was being printed, Mondragón confirmed the reception of some texts by Escobar to be published in El corno, which was repaid with the submission of the poems “Riesgo” and “Zodiaco” to ensure the permanence of the Nadaist project. 1 The following year, the American writer David Howie, who was then residing in Medellín, considered this an opportunity to discover Nadaísmo—non-existent as a movement, according to him—starting in his own publications. 2 From his gallery-studio in Los Angeles, where he edited Cuervo international, Dukardo Hinestrosa, a former member of the Nadaist group in Cali, encouraged the continuity of the magazine in order to establish a system of exchange with avant-garde publications. 3 In Caracas, Juan Liscano, director of Zona franca, celebrated the publishing of La viga, and compared the Nadaist incursion with the Venezuelan balleneros4 Nevertheless, while the publication was generating diverse reactions among the writers of the continent, the Nadaist poet Jaime Jaramillo Escobar asserted that it did not have major repercussions in Bogotá. 5

En el transcurso de la década del sesenta, a la par que se consolidaban las redes intelectuales y comerciales del boom narrativo latinoamericano, una segunda ola de vanguardia se encargó de replantear el quehacer literario del continente, de explorar otras formas de representar la realidad de la época y de compaginar la vida con la creación artística. A pesar de que entre los diversos grupos vanguardistas existían posturas ideológicas disímiles, compartían una sensibilidad estética ajena a la Guerra Fría cultural. El techo de la ballena de Venezuela, el tzantzismo de Ecuador y el nadaísmo de Colombia, así como las revistas El corno emplumado de Sergio Mondragón y Margaret Randall y Eco contemporáneo de Miguel Grinberg, editadas en México y Argentina, respectivamente, conformaron una comunidad literaria independiente en torno a la libertad del ejercicio creativo. Entre 1962 y 1969, El corno condensó las nuevas expresiones poéticas y se convirtió en un espacio de sociabilidad entre escritores y artistas de América Latina, forjando, de esta forma, una de red literaria alternativa.

El nadaísmo (1958-1971), principal movimiento de vanguardia de Colombia, integró esta red sin establecer un sistema de comunicación independiente a nivel nacional. A diferencia de las manifestaciones del resto del continente en las cuales sus miembros contaban con una incipiente trayectoria literaria o, cuando menos, provenían del ámbito universitario, los nadaístas fueron jóvenes de clase media con escasa formación académica, sujetos marginales inmersos en el mundo del hampa, exponentes de la denominada “literatura de alcantarilla”. Si se tiene en cuenta que los poetas nadaístas no tuvieron la oportunidad de escapar de la “parroquia intelectual” colombiana, de experimentar el “viaje cultural”, y que solo hasta 1970 consiguieron lanzar una revista con relativa regularidad, es posible comprender la importancia de la correspondencia tanto para dar unidad al movimiento como para establecer contactos en el extranjero en su proyección internacional. Para los nadaístas, la correspondencia, además de la posibilidad de mantener una asidua comunicación con otros artistas, dar a conocer sus escritos y compartir periódicos y publicaciones de vanguardia, se presentó como el único contacto material con el que se integraron a un circuito de información más amplio que comprendía Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y México.

Para mediados de la década de 1960, sus cartas permiten apreciar las reiteradas denuncias a los vetos editoriales, así como el afán por conocer editores y publicar a toda costa la producción poética que les permitiera perfilarse como escritores de vanguardia. Ante este panorama, el poeta Eduardo Escobar editó a finales de 1965 la primera revista del nadaísmo: La viga en el ojo. Publicada por Sigma, una pequeña editorial de Pereira, con un tiraje inicial de 3000 ejemplares, la revista expuso las redes internacionales del movimiento al presentar como colaboradores a miembros del techo de la ballena y del tzantzismo, al igual que a poetas cercanos al círculo editorial de El corno emplumado. Además fue la oportunidad para que los pintores Álvaro Barrios y Pedro Alcántara participaran por primera vez en una producción nadaísta, pues Barrios ya había ilustrado El corno con los dibujos “El nadaísmo no tiene fin porque es infinito” y “El nadaísmo es una hecatombe”. En diciembre de 1965, al tiempo que se imprimía el primer número de La viga, Mondragón confirmaba la recepción de unos textos de Escobar para ser publicados en El corno, lo cual fue retribuido con el envío de los poemas “Riesgo” y “Zodiaco” para garantizar la permanencia del proyecto nadaísta.1 Al año siguiente, el escritor norteamericano David Howie, que entonces residía en Medellín, consideraba que esta era la oportunidad para descubrir al nadaísmo —inexistente como movimiento, según él— a partir de sus propias publicaciones.2 Desde su galería-taller en Los Angeles donde editaba Cuervo international, Dukardo Hinestrosa, antiguo integrante del grupo nadaísta de Cali, alentaba la continuidad de la revista con miras a establecer un sistema de canje con impresos de vanguardia.3 En Caracas, Juan Liscano, director de Zona franca, celebraba la edición de La viga y comparaba la incursión de los nadaístas con los balleneros venezolanos.4 No obstante, mientras la publicación iba generando diversas reacciones entre los escritores del continente, el poeta nadaísta Jaime Jaramillo Escobar aseguraba que esta no había tenido mayores repercusiones en Bogotá.5

La viga en el ojo can seem insignificant compared to the publications and editorial projects of the other avant-garde groups of the time. Even so, it is an example of the dynamics of Colombian cultural environment: on the one hand, the fact that La viga was launched in Pereira proves that the most innovative artistic expressions circulated only tangentially in the country’s capital city. On the other hand, the limited publishing industry led new writers, who could not afford their own publications, to an unusual reliance on editors who were sometimes unwilling to take the risk of printing their manuscripts. This editorial precarity coupled with a conventional conception of printed matter—which kept the Nadaists tied to the publication of books instead of other formats—prevented the movement from accompanying its poetic production with an underground circuit of creation and distribution.

At a time when political radicalization undermined freedom of artistic creation and the gradual loss of spaces of dissemination ensnared new poetry, the disappearance of El corno emplumado in 1969 evinced the dismantling of the alternative networks in Latin America. That same year, Dukardo Hinestrosa’s Guía para artistas desesperados was presented as an isolated effort to rekindle the deteriorating communication between the writers of the continent by providing contact information of avant-garde magazines and newspapers in the United States and Latin America. Throughout the decade, the Nadaists continued to resort to unsuccessful and desperate projects in order to spread the “detailed poems of the catastrophe”. 6

  1. Sergio Mondragón, “Querido Eduardo”, México, December 2, 1965. Biblioteca Pública Piloto (BPP), Medellín, Archivo Nadaísta (AN), Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  2. David Howie, “Amigo poeta”, Medellín, May 12, 1966. BPP, Medellín, AN, Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  3. Dukardo Hinestrosa, “Queridisimo Eduardo”, Los Angeles, 1966. BPP, Medellín, AN, Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  4. Juan Liscano, “El nadaísmo”, La viga en el ojo, 2 (1966): unpaginated.

  5. Jaime Jaramillo Escobar, “Mi querido Eduardito: tú has sido siempre”, Bogotá, February 20, 1966. BPP, Medellín, AN, Cartanada 0057, undated.

  6. Jotamario Arbeláez, “Reconstrucción de la hidra”, (Cali), 1963. BPP, Medellín, AN, Prensanada 0553, undated.

Bio

Daniel Llano Parra is a historian from the University of Antioquia. He is a member of the Social History Research Group (GIHS) of the same university, and author of Public Enemies. Intellectual Context and Literary Sociability of the Nadaist Movement, 1958–1971 (2015).

Bio

Max Hernández-Calvo is an independent curator and critic. He is currently a professor and researcher in the Department of Art and the Master's in Art History and Curating programs at the Pontifical Catholic University of Peru. Most recently he was curator of the Peruvian Pavilion at the 56th Venice Biennial (2015). He has held positions at the University of Malaga, Spain (2009–2011), and Dia Art Foundation, New York (2007–2009). Hernández-Calvo has published and translated several essays on contemporary art in many countries. He was awarded the Cisneros Grant for Latin American Curators in 2005.

La viga en el ojo puede resultar insignificante si se compara con las publicaciones y proyectos editoriales de los demás grupos de vanguardia de la época. Aun así, es un ejemplo de las dinámicas del ambiente cultural colombiano: por un lado, el hecho de que La viga hubiera salido a la luz en Pereira comprueba que las expresiones artísticas más innovadoras circularon solo tangencialmente por la capital del país. Por el otro, la limitada industria editorial propició una inusitada dependencia de los escritores nóveles, que no tenían como costear sus propias publicaciones, con editores que en ocasiones no estaban dispuestos a asumir el riesgo de imprimir sus manuscritos. Esta precariedad editorial aunada a una concepción convencional de lo impreso —que mantuvo a los nadaístas atados a la publicación de libros en lugar de otros formatos—, impidió que el movimiento acompasara su producción poética con un circuito de creación y distribución underground.

En un momento en el que la radicalización política minaba la libertad de creación artística y en el que la nueva poesía era acorralada por la pérdida progresiva de sus espacios de difusión, la disolución de El corno emplumado en 1969 evidenció el desmantelamiento de las redes alternativas en América Latina. Ese mismo año, la Guía para artistas desesperados de Dukardo Hinestrosa se presentó como un esfuerzo aislado por avivar la deteriorada comunicación entre los escritores del continente, al suministrar la información de contacto de magazines y periódicos vanguardistas de Estados Unidos y América Latina. Los nadaístas, por su parte, como lo hicieron a lo largo de la década, continuaron recurriendo a infructuosos y desesperados proyectos con el fin de repartir los “poemas pormenorizados de la catástrofe”.6

  1. Sergio Mondragón, “Querido Eduardo”, México, December 2, 1965. Biblioteca Pública Piloto (BPP), Medellín, Archivo Nadaísta (AN), Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  2. David Howie, “Amigo poeta”, Medellín, May 12, 1966. BPP, Medellín, AN, Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  3. Dukardo Hinestrosa, “Queridisimo Eduardo”, Los Angeles, 1966. BPP, Medellín, AN, Escobar, Eduardo – correspondencia, undated.

  4. Juan Liscano, “El nadaísmo”, La viga en el ojo, 2 (1966): unpaginated.

  5. Jaime Jaramillo Escobar, “Mi querido Eduardito: tú has sido siempre”, Bogotá, February 20, 1966. BPP, Medellín, AN, Cartanada 0057, undated.

  6. Jotamario Arbeláez, “Reconstrucción de la hidra”, (Cali), 1963. BPP, Medellín, AN, Prensanada 0553, undated.

Bio

Daniel Llano Parra es historiador por la Universidad de Antioquia. Es miembro del Grupo de Investigación en Historia Social (GIHS) de la misma universidad, y autor de Enemigos públicos. Contexto intelectual y sociabilidad literaria del movimiento nadaísta, 1958–1971 (2015).